Vista desde un satélite, la irrigación de Santa Rita -en el distrito del mismo nombre, en la región Arequipa- parece un gran rectángulo verde, un oasis en medio de un desierto de arena dorada. A diferencia del megaproyecto Majes Siguas, que se ejecutó con fondos estatales, Santa Rita se desarrolló con recursos de sus propios agricultores. Con gran esfuerzo, organización y un moderno sistema de riego por goteo, hoy se cultivan ahí unas 2.828 hectáreas, entre ellas las del fundo El Carmen, propiedad de Carmen Málaga Delgado, de 61 años.

Den esa irrigación, doña Carmen fue presidenta de la Junta de Usuarios de Santa Rita, la organización que administra y distribuye el agua entre los 120 propietarios de tierras. Ella fue la primera mujer en asumir este cargo y sabe bien que cada gota de agua cuesta mucho. A Santa Rita se le asignan apenas 1,8 m3/seg. Del uso que se le dé a este recurso depende la rentabilidad de la actividad agrícola.

Como la mayoría de los productos que se siembran son para la exportación, cualquier falla puede generar grandes pérdidas a los accionistas. Para dirigir a este grupo de agricultores Carmen Málaga demostró don de liderazgo, carácter y mucho sentido de la responsabilidad.

Vencer el miedo
Carmen Málaga proviene de una familia de agricultores que vivía en el distrito de Yarabamba, en Arequipa. Ella estudió trabajo social en la universidad, pero a los 22 años -tras la muerte de su madre- su familia migró a Santa Rita para continuar con la agricultura. Carmen siempre fue una miembro activa en la junta de usuarios. Ocupó el cargo de secretaria o tesorera y en el 2015 fue elegida por votación presidenta por un periodo de un año y ocho meses.

La vida en el campo es dura. Carmen se levanta temprano y se alista para recibir al personal a quienes les distribuye el trabajo de acuerdo a una programación. Durante la mañana supervisa a sus trabajadores. En su fundo emplea entre 40 y 70 personas dependiendo de las épocas. Durante la cosecha hay más personal. Ahí siembra ají páprika, cochinilla y alcachofa, en 34 hectáreas.

En la irrigación solo el 30% de los terrenos es propiedad de mujeres.  Casi todos los que asistían a las reuniones de la junta eran varones.  Al principio Carmen no sabía si sus compañeros lo respaldarían en sus propuestas, también tenía temor de relacionarse con los  presidentes de otras juntas. Ella era la única mujer en el gremio.

“En la primera reunión que convoqué tenía miedo. Dentro de mí rezaba para que no vengan los socios, pero llegaron. Tenía dificultad para hablar, yo sentía que me miraban como preguntándose qué dirá esta mujer. Me armé de valor y comencé a explicar el plan de trabajo que haría. Me escucharon atentos y luego me aplaudieron. Entonces sentí el respaldo”, recuerda Carmen.

Como presidenta decidió involucrar a las mujeres en las capacitaciones que se impartían. Antes solo los varones aprendían sobre gestión del agua, manejo de plagas, usos de fertilizantes, entre otros. Como solo había  pocas propietarias, convocó a las esposas de los dueños y también a las trabajadoras del campo para que se entrenen.
Cambiar el ‘chip’

Carmen pidió a las mujeres que se involucren más en la junta. Pero de acuerdo al reglamento, uno tiene que ser titular de la licencia del agua para tener voz y voto en las reuniones. Entonces, Carmen incentivó a las mujeres  para que hagan las gestiones  ante la Autoridad Autónoma del Agua (ANA) y tramiten que en las licencias  de agua donde solo figuraban sus esposos también sean incluidas. Solo era cuestión de poner y/o, y ambos podían ser titulares.  Con eso ya podían acudir a las reuniones, opinar y votar.

Las reuniones de agricultores son tensas, siempre hay desacuerdos, discusiones y casi siempre se impone la opinión de la mayoría, sin llegar a consensos. Las diferentes posiciones resquebrajaban las relaciones entre ellos. Carmen sabía que si la desunión entraba a Santa Rita los afectaría a todos.  Por eso fomentó  más encuentros de confraternidad entre los agricultores.

Quizá por mi  propia voluntad no me atrevía. Valoré mucho la oportunidad y el apoyo que recibí. Ahora yo las motivo para que ellas también asuman el reto

Organizaba almuerzos, charlas, festividades con ellos y con las esposas. Con un clima agradable entre ellos también las reuniones  en la Junta se hacían menos tensas para Carmen. La presidenta no solo trabajó para los accionistas, sino también para los jornaleros de la chacra. Realizó una capacitación para los camayos (hombres que riegan) que venían de otras irrigaciones donde usaban botas,  lampas y caminaban  de acequia en acequia.

Ella promovió talleres de especialización con ellos. En Santa Rita todo es tecnificado, los camayos debían aprender cómo funcionaba el sistema de agua y dar la cantidad que necesitaba a cada planta, ni más ni menos. El conocimiento mejoró la autoestima de los camayos y ahora se hacen llamar regadores.

Ejemplos que deben seguir.
Como era la primera mujer en ser elegida como presidenta de la Junta tenía que prepararse más.  Estudió el reglamento de las Juntas para conocer hasta donde llegaban sus  funciones y sus competencias.  Se hizo  enseñar las normas legales,  fue a charlas del ANA y del Programa Subsectorial de Irrigaciones (PSI) para prepararse y hablar con argumento en las reuniones.

Ha dejado una enseñanza y espera que más mujeres se animen a seguir esos pasos. Se hizo presidenta porque sus compañeras la propusieron. “Quizá por mi  propia voluntad no me atrevía. Valoré mucho la oportunidad y el apoyo que recibí. Ahora yo las motivo para que ellas también asuman el reto”, agregó.

Carmen no tiene pareja, ni hijos. Se dedicó de lleno a su fundo y dice que por más que le ofrezcan millones no lo vendería. Ella maneja su camioneta y está mandando a construir una mini represa para sacar el máximo provecho a la dotación que le corresponde. Quiere ampliar más su chacra, pero tiene asignada una cantidad limitada de agua, por eso tiene que optimizar al máximo.

La experiencia que tuvo como presidenta de la junta la compartió en el consejo de cuenca. Ella está convencida que una mujer tiene mucho que aportar en la agricultura y en el cuidado del agua.

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