La conservación de las fuentes de agua y suelos se han convertido en una oportunidad de desarrollo económico, a través del turismo vivencial en Taucca

Después de la tormenta viene la calma. Eso es precisamente lo que sucedió en la vida de Grimaldina Puma Huanca de 40 años de edad, cuya niñez estuvo sumergida en la pobreza y en todas aquellas consecuencias que puede generar el alcohol, del que eran dependientes sus padres. Sin embargo, este problema lo ha tomado como un desafío para soñar, salir adelante y lograr ser una mujer exitosa. Tener sólo primaria completa tampoco fue pretexto para conseguir sus metas.

Grimaldina Puma, es natural de la Comunidad Campesina de Taucca, distrito de Chinchero de la provincia cusqueña de Urubamba. Taucca es una de las 16 comunidades que integra la microcuenca de Piuray – Corimarca y hoy en día es una comunidad modelo, donde la conservación de las fuentes de agua y suelos se ha convertido en una oportunidad de desarrollo económico, a través del turismo vivencial.

Este merecido logro, durante su adolescencia y parte de su juventud lo veía como algo muy lejano, mientras trabajaba en la chacra de sus vecinos para cubrir sus necesidades. Pero al mismo tiempo este espacio le ha permitido reflexionar, proponerse crecer y cambiar su historia.

Cuenta ella que desde muy joven le llamó la atención participar y ser líder de una organización social. Ahora a sus 40 años de edad es una de sus pasiones que inclusive la ha llevado a ser una de las 7 fundadoras de la Asociación Las Hormiguitas que se dedica al turismo vivencial.

Este proyecto rondaba en su mente durante varios años, pero recién hace 6 años se hizo realidad. Lo más complicado fue conseguir presupuesto, para lo cual tuvo que privarse de muchas cosas y tocar las puertas de varias instituciones. En la actualidad la asociación agremia a 37 socios entre varones y mujeres.

Llegar hasta aquí no fue nada fácil, fueron años de constante lucha y perseverancia. Tuvo como aliado incondicional a su esposo, Guido Salla Quispe y sus motores siempre fueron y serán sus hijas de 18 y 9 años de edad.  También en esta etapa de su vida, fue decisiva las capacitaciones que recibió de la Asociación Arariwa, en derechos humanos, forestación y cuidado del agua.

Para seguir en este camino, Grimaldina se levanta muy temprano. Son cerca de las 5 de la mañana, escucha el canto del gallo de su vecina, señal de levantarse y de un nuevo día de trabajo y de retos. En medio del intenso frio propio de la temporada, Grimaldina empieza a realizar la limpieza de su casa, prepara el desayuno para sus hijas, les envía a estudiar y continúa con las labores domésticas. Alimenta a sus animalitos de corral y luego –al promediar las 11 de la mañana- se dedica exclusivamente al tejido, arte ancestral que realiza con mucha, entrega, dedicación y entusiasmo.

Como en otras experiencias contadas, Grimaldina Puma también vivió en carne propia la discriminación en su comunidad por su condición de ser mujer. Era el ego de los varones machitas que se oponían a la participación de las mujeres como dirigentes de las organizaciones. Pero gracias a su constante preparación, Grimaldina hizo prevalecer sus derechos y oportunidades.
“Cómo van entrar (a las organizaciones sociales), no van a poder (mujeres), ¡Varones nomás que integren!”, así se referían los varones de su comunidad, cuenta Grimaldina, quien ya se perfilaba para ser líder y reclamaba, afirmando que ellas también tenían derechos.

Este panorama adverso, al día de hoy ha cambiado. El progreso de la comunidad de Taucca es admirable, no solo porque contribuyeron a la conservación de los recursos naturales, sino que además fortalecieron la producción agrícola con cultivos orgánicos y la capacidad organizativa y de liderazgo, tanto de varones como de mujeres.

Sin lugar a dudas, el inicio del camino inka hacia el sitio arqueológico de Huchuy Qosqo en la provincia de Calca y el turismo vivencial son una oportunidad para el desarrollo de Taucca, donde la mayoría de las personas se dedican al tejido de mantas, chullos, fajas, bolsos y otros enseres. Se busca que esta actividad se replique en las otras comunidades que integran la microcuenca y alcancen ese nivel de desarrollo. Están en proceso, pero aún falta mucho por hacer.

QUEREMOS SEGUIR CRECIENDO, LLEGAR A MERCADOS INTERNACIONALES EXPORTANDO NUESTROS PRODUCTOS

Es temporada alta, y a la asociación a diario recibe un promedio de 28 visitantes, quienes tienen la oportunidad de ver las demostraciones sobre el proceso de teñido y tejido. Por otro lado, los varones exponen el proceso de la agricultura, variedad de cultivos como la papa, crianza de animales. Las artesanías elaboradas son expendidas a los visitantes en este mismo lugar.

“Queremos seguir creciendo, llegar a mercados internacionales exportando nuestros productos”, enfatiza Grimaldina, quien participó de pasantías en Cajamarca, Huancavelica, Huancayo, Ayacucho y Bolivia. Un concurso organizado por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) hizo que sus tejidos andinos se exporten a Canadá. En esa oportunidad compitió con otras regiones del país.

Este trabajo empezó con las capacitaciones brindadas por Arariwa sobre la importancia de reforestar con especies nativas como el Qolli, Ch´illca, Qeoña, entre otras plantas que posteriormente les sirvieron para teñir sus lanas, por ejemplo. Aunque al inicio les costó aceptar está idea, pero con el tiempo vieron que Arariwa tenía muchísima razón, porque ahora no solo las utilizan para el proceso de teñido, sino que además las comercializan.

Asimismo, Grimaldina confiesa que al inicio no entendían la necesidad de cuidar las fuentes de agua, reforestar los suelos, abrir zanjas de infiltración, etc. Ni siquiera le parecía necesario, cuando en aquellos años estaban trabajando Arariwa y Pronamachs.

“No fue nada fácil entender acerca de la importancia de cuidar el suelo y el agua. Demandó tiempo, constantes charlas y visitas domiciliarias para generar conciencia sobre las consecuencias del deterioro acelerado de los recursos naturales y tuvo que pasar más de 15 años para visibilizar los resultados de un trabajo titánico”, menciona.

Como prueba de una conservación y preservación consciente del recurso hídrico y el suelo, cada año realizan una faena denominada el Wataqallary, en la que los pobladores organizados, varones y mujeres, realizan plantaciones de diversas especies nativas, hacen el mantenimiento de las zanjas de infiltración, entre otras actividades.

Para los comuneros es una alegría estar rodeados de vegetación, que su producción sea cada vez mejor y sobre todo que la laguna de Piuray esté protegida.

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