“Ay! Que sería del agua sin las mujeres. ¡Al fin y al cabo, el agua es un asunto de mujeres más que de hombres! “ Así se suele despedir de las mujeres de las microcuencas del Rumiyacu, Misquiyacu y Almendra, fuentes abastecedoras de agua para Moyobamba y aportantes del Rio Mayo. Sus frecuentes caminatas por las zonas más sensibles de las fuentes de agua, hacen a “Chepita”, una mujer con el don esencial de la palabra dulce, amigable y llena de sabiduría.

Que sería de las mujeres sin el agua, replica después, con su voz cariñosa en los naturales jardines llenos de mariposas, quienes asegura ella, han vuelto a aparecer en las microcuencas gracias a que se están descontaminando.

Hemos llegado un día preciso, en el que van a hacer las mediciones obligatorias en las fuentes de origen, cabeceras de microcuenca. Allí, entre reactivos y procedimientos, especialistas de otras entidades responsables que en conjunto analizan la calidad del agua, nos acompañan para certificar científicamente su pureza.

Es su labor, quizás rutinaria, pero también es su ocasión el hablar del agua.
Josefa, una mujer de mirada sobria y amable a la vez, es líder, madre, abuela, esposa y su pasión es la educación.

Como especialista en educación medioambiental del “Proyecto de la zona de amortiguamiento de protección de bosques del Alto Mayo”, su trabajo se desenvuelve en una red de doce instituciones educativas, capacitando e impulsando a promotores rurales medioambientales.

Empezó como maestra de primaria, su vocación principal
“Pienso que la labor de educadora fue mi don principal para poder liderar. Como educadora y como mujer, mi presencia en las instituciones ha servido para fortalecer las capacidades de las mujeres sobre todo”. Además, trabajar con niños en estos temas no solo es apasionante, sino la clave principal para asegurar el futuro.

“Nos tuvimos que mudar varias veces, no fue fácil”, cuenta, cuando recuerda que el trabajo le imponía mucha presencia territorial y la labor de madre no era muy conciliable con el trabajo. Tener a la familia como una responsabilidad, era casi estar al límite de las posibilidades. “Pensé en dejarlo todo en algún momento, pero considerando que ambas eran labores importantes, las mujeres sabemos hacer de todo para lograr nuestros objetivos”.

La principal tarea de la selva alta es combatir la escasez de agua potable. “Me siento feliz porque gracias a la presencia de nuestro trabajo hemos logrado captar el interés de las autoridades e instituciones para lograr que la ciudad de Moyobamba tenga agua las 24 horas. Es algo que hemos logrado aquí, y que no todas las ciudades de la selva han logrado. Sensibilizar sobre el agua es un trabajo que requiere mucho compromiso, responsabilidad, tiempo.

Las mujeres poseemos eso como un don especial. Trabajando en el campo, recorriendo cada sitio por años, hemos logrado convencer, empoderar a las mujeres”.

Según Chepita, relacionar el bosque con el agua fue la clave de la comprensión del origen del agua. Porque cada ecosistema se debe a un conjunto de procesos muy lentos- invisibles – que hacen que el agua pueda existir y brotar, como lo ha hecho por siglos. Es un sistema muy delicado y que hay que cuidar mucho.

MI COMPROMISO CON LA SEGURIDAD HÍDRICA, COMO MUJER, ES ENSEÑAR. ENSEÑAR A CONSERVAR Y AMAR LOS BOSQUES, ORIGEN DE LA VIDA Y DEL AGUA, LOS ECOSISTEMAS. OJALÁ TODOS SEAMOS CONSCIENTES DE ESO

“Tenemos en la región una riqueza cultural y de biodiversidad que no podemos ignorar. Por eso, del agua que nosotros usamos, también se nutre toda una cadena que está vinculada, nunca debemos olvidar eso. Hay lugares donde culturalmente la mujer es la única responsable de acarrear agua potable a la casa, eso nos responsabiliza mucho más. Las mujeres poseen conocimientos ancestrales sobre el espíritu mismo del agua, lleno de tradiciones y costumbres, igual que las semillas y la conservación de la vida y los ecosistemas”.

“En mi formación, El enfoque de género se dio en un momento muy delicado, pero nos capacitaron para poder ejercer como mujeres los retos según nuestros intereses y necesidades. Las capacitaciones han jugado un rol importante en este camino. Los textos debieron adecuarse, pues mostraban roles anticuados, esclavizantes, repitiendo patrones antiguos.

Eso hizo que nuestras normas de convivencia fueran más paritarias y nos permitió trabajar con las mujeres capacitándoles sobre una base, el enfoque moderno de género.

Antes pensábamos que el agua era un recurso infinito. Pero no es así, ya nos hemos dado cuenta. Hay que cuidar el agua. Las autoridades por lo general no se comprometen con esta forma de conciencia, piensan que nosotros debemos darles explicaciones sobre este tema, pero ellos no se sienten responsables.

Mi compromiso con la seguridad hídrica, como mujer, es enseñar. Enseñar a conservar y amar los bosques, origen de la vida y del agua, los ecosistemas. Ojalá todos seamos conscientes de eso”.

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