Las laderas secas de los cerros de la localidad de Tuco, en Quispillaccta, Ayacucho, se han transformado en vastos campos de cultivo. El milagro que tiene nombre: qucharuway, la práctica ancestral con la que las hermanas Magdalena, Marcela y Lidia Machaca han criado 71 lagunas que abastecen de agua toda Quispillaccta. Solo en tuco hay 12 de ellas, permitiendo más pasto natural y vacas que producen hasta 8 litros de leche al dia. Sus pobladores llaman a la zona «la pequeña suiza»

Convocada la asamblea y con las montañas de quispillaccta con testigos, Modesto marchaca epuso su idea con claridad, Quería permiso para que  Benedicta, Marcela y Magdalena, en aquel momento sus tres unicas hijas, pudieran dejar la comunidad y estudiar, en la y Universidad Nacional de San Cristobal de Huamanga, la carrera de ingenieria agrónoma.

Hasta ese momento, él se había encargado de completar su formación académica transmitiendo sus conocimientos en la chacra, donde usaba una pizarra de maray(batán) y cualquier piedra blanca como tiza para enseñar a las tres hermanas durante los pocos tiempos libres que le dejaba el trabajo en el campo. Modesto era un chacarero, amaba la agricultura. Pero Tambiém era un mil oficicios. Un Maestro capaz de ver los astros y de sanar a los enfermos.

Su visión era la de una adelantado a su tiempo. No era común en los aos 80 que las mujeres del ámbito rural recibieran formación superior en áreas consideradas tradicionalmente masculinas. El agricultor prometió que las tres regresarían a la zona para revertir los conocimientos adquiridos, la comunidad aceptó y Modesto, su esposa, sus tres hijas y su hijo, aún muy pequeño para ir siquiera al colegio, se mudaron a la ciudad.

Con los años la familia creció hasta completarse con seis hermanas y un hermano más. Por que Benedicta, Magdalena y marcela crecieron rodeadas de mujeres en el mundo de hombres. La universidad no fue lo que ellas esperaban.

Los profesores excluían de la currícula la conmovisión andina y les decian que debian estudiar Antropología, que la Facultad de ingenieria no era un lugar para ellas. Ninguna de las tres les hizo caso. Todas creían firmemente que lo aprendido allí les serviría para complementar los conocimientos de sus abuelos. No se equivocaron.

Años después las hermanas cumplieron la promesa hecha por su padre y al terminar la carrera retornaron a su comunidad, crearon la Asociacion Bartolomé Aripaylla(ABA) de la que hoy forman parte siete de los once hermanos y comenzaron lo que ellas llaman «la resistencia de la tradicionalidad».

Un trabajo que a la fecha ha demostrado a los ingenieros de la universidad con mas de un millón cien mil metros cúbicos de razones, que los efectos del cambio climático y la ausencia de agua pueden revertirse con planes de trabajo innovadores que mezclen los conocimientos técnicos con los saberes ancestranles de las comunidades altoandinas.

GRACIAS AL TRABAJO DE ABA EXISTEN 71 LAGUNAS PERMANENTES QUE ALMACENAN MAS DE 1 134 688 METROS CUBICOS DE AGUA

Las hermanas que crían lagunas

La superficie de la laguna apacheta está en calma. Pero hace frío, mucho frío. El viento de la noche anterior tranjo la helada. Y aunque hace ya un par de horas que amaneció, el sol no calienta lo suficiente como para hacer olvidar que a 4480 metros de altitud, en invierno, el calo no es más que una ilusión. Sentadas sobre una roca cercana a la orilla, las hermanas. Magdalena, Marcela y Lidia Machaca observan el espejo de agua que la localidad de tuco, en Quispillaccta, Ayacucho, cría con su ayuda hace más de dos décadas.

El silencio es casi absoluto. Algunas llmas pastan al otro lado de la hoyada. Magdalena se levanta, se remanga ligeramente la pollera y sumerge los pies en el agua. Durante unos segundos contiene la respiración. La temperatura de la charca es demasiado baja, aunque eso no parece importarle demasiado. Camina despacio, para no resbalar. Cierra los ojos. Y de pronto empieza a reír. Cada vez más fuerte. Las algas del fondo le hacen cosquillas. Dice que Yaku mama(Madre Agua) está jugando con ella. «Vinimos a visitarte», surrura. «Queremos  darte las gracias por toodo lo que nos das». Se agacha y acaricia el agua. Desde el borde de la laguna, Marcela y Lidia agradecen también.

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El profundo respeto por la naturaleza es la piedra filosofal del trabajo de estas tres ingenierias agrónomas que, a través de la Asociaion Bartolomé Aripaylla(ABA) – fundada por Marcela y Magdalena en 1991 -,  apuestan por la unión de la tecnologia de bajo coste y las prácticas ancestrales, como la fórmula perfecta para el desarrollo de su comunidad.

Para ellas, todos los elementos de la tierra son seres vivos: el agua no es un recurso natural, sino una persona con quien se habla, se canta y se baila. Una madre que cria y hay que criar. «Por eso no hay que explotarla. Así se resiente y desaparece. La clave es tratarla con cariño. Slo asi las deidades permiten que aflore de las profundidades de la tierra y nunca nos abandone». cuenta Marcela

Fuente: MINAN // TEXTO: CAROLINA MARTÍN / FOTOGRAFIAS: OMAR LUCAS //

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