Corre el viento fresco de la tarde otoñal, casi al ocaso. El color gris en el horizonte de la rupa rupa o selva alta del Valle del Cumbaza anuncia lluvias, en el corazón de la región San Martín.

Nuestro encuentro es casi fugaz pues acabamos de pasar el sismo más relevante de la selva norte en los últimos 30 años y los servicios de agua se han visto afectados en toda la región.

“Ser quien tiene la responsabilidad del agua, es una tarea muy muy difícil”, nos comenta María Isabel García, una mujer bastante joven para el cargo que ocupa en la gerencia general de EMAPA (La Empresa Municipal de Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de San Martín Sociedad Anónima).

“Nuestro trabajo es de altísima responsabilidad, pues el servicio de saneamiento de agua es de 24 horas al día. Es igual que un hospital, nos descuidamos un segundo y puede haber una epidemia en la ciudad, o escasez del servicio más vital.
Estoy muy orgullosa de haber integrado durante mi gestión en esta institución, más mujeres que hombres. Las mujeres sabemos que estamos en relación con el agua más que los varones.

Desde que te levantas, es tu responsabilidad el ver si no hay agua. ¿Por ejemplo: cómo empiezas la jornada sin agua? Si no hay, las mujeres somos las que vamos a abastecer la casa, porque hay que hacerla hervir temprano, hay que cosechar agua de lluvia, traerla de ríos y pozos.  Al ser un trabajo de mujeres, termina siendo también su responsabilidad. Por eso como ingeniera, me siento muy orgullosa de trabajar en temas de agua. Hay un conocimiento profundo, una complicidad”.

“En esta parte del país, el agua es abundante aún, pero la gente piensa que es un recurso que nunca se va a acabar. Y no es así. Hay momentos en los que dejamos de producir agua potable por unas horas, cuando colapsan nuestras captadoras de agua por las lluvias que traen muchos sedimentos y desperdicios. Es allí donde nosotros necesitamos actuar con rapidez y poder restablecer el servicio a los usuarios lo antes posible.

Es siempre una emergencia, en una ciudad cada vez con más migración- con un crecimiento sostenido de 15% anual- ocasionando que el agua sea más escasa. Hemos asumido ese crecimiento como un desafío, la cultura del uso racional de agua es una tarea aún pendiente. No es solo lo que podemos producir aquí en la planta, es la gestión del agua, desde los bosques, para que no llegue aquí escasa o contaminada”.

Los sembríos de arroz principalmente-  nos asegura María Isabel – son los que desvían los contenidos de los ojos de agua. No solo consumen el 70-80% de lo que deberían dejar fluir, sino que contaminan con nitratos y fosfatos el suelo, las napas freáticas, y el agua que brota del subsuelo. No podemos batallar con eso, pues todos los productores suelen tener permisos para usar este elemento a discreción.

Desde este punto de vista, se sabe que la agricultura intensiva está influenciando seriamente en la escasez de agua potable.

María siente que nunca ha tenido problemas en asumir el rol de líder. En la empresa en la que trabaja, ha podido asumirlo siempre con rapidez y facilidad.

SER MADRE Y ESPOSA PODRÍA HABERME IMPEDIDO PROSEGUIR, PERO GRACIAS AL APOYO DE MI FAMILIA EL RETO FUE LLEVADERO

Su ingreso a la vida laboral estuvo determinado por su formación y su ascenso muy veloz. En ese sentido ella reconoce que las reglas de juego están cambiando en beneficio de una real equidad de género: “Somos hoy en mi gestión más mujeres que hombres en los cargos principales y eso es un privilegio en una región cuya característica no es necesariamente la equidad”.

Roles de vida en modo participativo
“Ser madre y esposa podría haberme impedido proseguir, pero gracias al apoyo de mi familia el reto fue llevadero. Tener hijos en edad escolar es muy complicado para ejercer el liderazgo de una organización“.

María Isabel reconoce que el trabajo en equipo es uno de sus logros más importantes, y lo que la hace más feliz es haber logrado que la gestión haya ido mejorando poco a poco hasta convertirse en una gestión exitosa y con números positivos, en otras palabras “pasar de la cultura de la sobrevivencia a la del ahorro”.

Hay metas más altas por supuesto, mientras ella lucha día a día por conservar el equilibrio entre su vida profesional y su rol de madre y esposa.

El uso eficiente del agua, acostumbrar a la población a no desperdiciar el elemento agua, es una de las metas, así como la conservación de los ecosistemas donde se origina este recurso, como las lagunas, los puquiales cristalinos, las corrientes de agua.

La promoción de la educación sanitaria será otra gran meta en su organización, la población se interesa cada vez más en los residuos que van a parar a las cuencas, en el reciclaje, en el uso de sistemas más beneficiosos para el ecosistema.

¡Y todas estas tareas María Isabel las va realizando con la imprescindible participación de las mujeres!

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