La relación de una mujer con el agua es desde su nacimiento:

“Yo como agrónoma, estoy vinculada al agua, a los suelos” comenta Mery, aceptando que desde el inicio ella tiene una relación muy estrecha con su territorio, la Región San Martín y la cuenca del Río Mayo. De pequeña tuvo ocasión de ser parte de la vida agraria de sus padres y abuelos. Contemplar la vida rural, los ciclos del agua en la selva alta, sus matices de escasez y abundancia, “En la niñez es un privilegio para una persona como yo que se dedica por entero a esta tarea. Tiene su magia, su poesía ver la lluvia, ver ensanchar las cuencas en tiempos de lluvia, ver enturbiar los ojos de agua, colectar junto a las mujeres el agua para sus familias, los regadíos, los canales y su limpieza. Son cosas a las que estoy acostumbrada desde muy pequeña. Es una enorme satisfacción hoy ser parte de estas organizaciones y hacer mi trabajo como mujer”, afirma.

“No puedo entender a alguien que cada día no piense en el agua como un sustento vital”

Cuando Mery inició sus estudios en la facultad de ingeniería agronómica- hace ya más de 40 años- había muy pocas mujeres. Mery, una chica con muchas esperanzas de ser una mujer libre y desarrollar sus propias aspiraciones entendía que el camino no sería fácil, pues las mujeres “debían estar en su casa”, la familia apoyaba esas ideas y en las universidades públicas casi no había mujeres, mucho menos en esas carreras de ciencias. “Tuve que cortarme el pelo para no sentirme fuera de lugar”, nos dice.

Pero, integrarse en las tareas con los ingenieros varones comenzó de manera más fácil para ella por la pasión que tenía a su carrera. “En la posición de la mujer, casi no nos arriesgamos a dirigir la palabra, a liderar”.
Respecto al liderazgo que Mery ejerce, ella señala que “hay confianza cuando una es mujer. La gente nos reconoce por ser honestas, perseverantes, generosas. Tratamos de hacer sencillas las cosas, y eso nos acerca a las mujeres.”

La educación como factor clave del liderazgo

En el proceso de liderazgo, ha sido importante su instrucción y educación. Una mujer sin un título, puede hacerse respetar hasta un cierto punto, nos dice, pero cuando saben que eres graduada, que has pasado por las aulas, pasamos del respeto a la aceptación. Una mujer con instrucción superior se concentra en las cosas prácticas, investiga, propone, sistematiza la experiencia y eso ayuda a mucha gente a trabajar mejor, obteniendo grandes resultados en menos tiempo.

Hablar del agua no es fácil, pero si es más fácil para una mujer.

“En la práctica, hace falta la voluntad de interactuar con las personas, para hablar del agua”, afirma con seguridad Mery. Muchas autoridades cargan sobre las espaldas de nuestras organizaciones el tema de la conservación del agua, pero cuando los queremos vincular, involucrar en estos temas, ellos piensan que es solo nuestra obligación, igual que la población local.

Las autoridades no hablan el mismo lenguaje comprometido, más bien se expresan siempre en segunda o tercera persona.  De la falta de conciencia al compromiso real.

NO PUEDO ENTENDER A ALGUIEN QUE CADA DÍA NO PIENSE EN EL AGUA COMO UN SUSTENTO VITAL

“Las mujeres somos las que hemos iniciado esta transformación. Las mujeres no confían mucho en los ingenieros varones, cuando se capacita. Es una ventaja ser capacitadora mujer.” Por eso, en las capacitaciones, nuestro lenguaje, quizás más cercano, más dulce, más cariñoso, hace que las cosas complejas que hay que comunicar se vuelvan simples, sin perder la importancia de sus contenidos.

La misma vida rutinaria, hogareña de la mujer de campo, alejada de la vida pública, de los debates, de las conversaciones sobre ciertos temas, hacen de la mujer, una persona demasiado tímida, insegura, que espera siempre que el varón tome la palabra, dirija su opinión abiertamente, se relacione con autoridad, sin restricciones. La mujer escucha mejor a otra mujer, sin presión, sin timidez, con el corazón abierto. Y a los hombres también, por supuesto”.

Para el Estado las mujeres han sido tradicionalmente personas con roles muy definidos. Nosotras hemos buscado tener igualdad de oportunidades. Para eso estudiamos, nos capacitamos cada día, aceptamos que nos hace falta saber más cosas, para expresarnos mejor, para definirnos mejor como personas y poder darle al Estado no solo mano de obra, sino también mentes, palabras, ideas y pensamientos.

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Autoestima, liderazgo social y ético, son las capacitaciones que ella considera que la ayudaron más para poder trabajar con las mujeres de la cuenca del Mayo. La autoestima, enfocada como un criterio que nace de la posibilidad de competir por igual con el varón en todos los roles que el liderazgo exige, como tomar decisiones, participar abiertamente, expresarse con propiedad,

“Nadie debería quedarse metido en su casa, ni hombres, ni mujeres. Participar y proponer es la salida para la ignorancia. Y salir de la ignorancia es lo que necesitamos para liderar un Perú mejor”.

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